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El músico, director de la agrupación Puerto Candelaria, hizo en su discurso una reflexión sobre la función social de la música: “Necesitamos líderes que no hayan llegado a la gloria por el camino de la trampa y la competencia deshonesta”.



Juancho es un músico que además se ha dedicado a la producción con su empresa Merlín. Así que ha trabajado como compositor, arreglista y productor para su banda, en la que es el Sargento Remolacha, y también para otras como Calle 13 y Chocquibtown, y artistas como Maite Hontelé, Andrés Cepeda y Miranda.

El año pasado ganó en los 17 Latin Grammy a Mejor Álbum de Música Clásica como arreglista en El Hilo Invisible de Jaramar y el Cuarteto Latinoamericano. Suma otras dos nominaciones como productor de Maite Hontelé y Miranda, y una al Grammy Anglo con la producción del álbum Behind de Machine de Chocquibtown.

Diego Londoño, crítico de este diario, lo describió como el Lucho Bermúdez de esta época: “Cuando Juancho Valencia nació, y su padre pudo tenerlo en brazos, lo miró con detalle; su boca, su piel, sus ojos, y como una sentencia para toda la vida, dijo: ‘Este muchachito tiene manos de pianista’. Es por eso que no tuvo oportunidad de escoger otra cosa diferente que su vida al lado del piano, del sonido, de las canciones y de esa eterna musa reveladora compañera de días y noches, la música”.

Son muchos años de trabajo, de creer en su talento y en sus ideas. En su discurso también dijo: “No hay canción inocente, no hay estribillo que no tenga la capacidad de destruir o construir un mundo. La música que una sociedad escucha es el reflejo de sus sueños, sus tristezas y sus alegrías”. Juancho ha soñado.

Fuente: Latina Stereo 

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